Miedos y fobias en el autismo

La presencia de miedos y fobias durante la infancia es algo completamente normal y pasajero, siendo parte del ciclo evolutivo de la persona, pero en el caso de los niños con autismo existen otro tipo de temores y miedos más estables y duraderos en el tiempo que pueden interferir de forma importante en el día a día de la persona.

Los miedos y las fobias, como hemos comentado, son muy normales en todos los niños y desaparecen de forma natural sin suponer un esfuerzo importante por parte de los padres.

Pero en el caso de los niños con autismo observamos unos temores que no son propios de su etapa evolutiva y que normalmente permanecen de forma más estable en el tiempo, siendo más difícil que desaparezcan, y que requieren de un enfoque particular para reconducirlos.

Miedos y fobias evolutivamente normales

Entre los 3 y los 6 años de edad, aunque puede alargarse por algún año más, la mayoría de niños y niñas presentan reacciones de miedo frente a situaciones cotidianas como quedarse solo en casa, a los desconocidos, a la oscuridad o miedo a los monstruos o a criaturas imaginarias.

Estos miedos son evolutivamente hablando muy normales, puesto que forman parte de una etapa del desarrollo donde todavía no han alcanzado una comprensión completa del mundo que les rodea, y les puede costar comprender las situaciones que pasan a su alrededor.

Estos miedos y temores suelen desaparecer de forma natural sin necesidad de acudir a un asesoramiento de un especialista.

Miedos y fobias propias del autismo

Evidentemente, los niños con autismo también pasan esta etapa de miedos y fobias evolutivamente normales, pero además, por el hecho de tener autismo, pueden presentar de forma asociada otros miedos que son más persistentes, intensos y más difíciles de manejar.

Estos miedos y fobias propias del autismo pueden presentarse ante situaciones muy diversas y a través de conductas también muy distintas. Los siguientes son algunos ejemplos de las situaciones y reacciones más frecuentes:

  • Reacciones de miedo y pánico ante determinados sonidos.
  • Conductas de escape ante situaciones aparentemente inofensivas.
  • Reacciones de miedo y pánico cuando se les intenta cortar el pelo o las uñas.
  • Reacciones de miedo y pánico en situaciones con aglomeraciones de gente.
  • Reacciones de ansiedad frente a situaciones imprevistas.

Estas reacciones de miedo ante situaciones aparentamente cotidianas pueden llegar a interferir de forma importante en el día a día de la familia y en la participación del niño en situaciones sociales.

Es por este motivo que es importante detectar estas situaciones y hacer un trabajo específico para disminuir estas reacciones.

Si estas conductas pasan de forma frecuente y con una interferencia importante en la dinámica familiar, estas situaciones deben pasar a ser una prioridad de tratamiento para el equipo terapéutico del niño o niña.

¿Cómo tratar los miedos y las fobias propias del autismo?

Los miedos y fobias evolutivamente normales suelen desaparecer de forma natural con el paso del tiempo, pero los miedos y fobias específicas del autismo pueden resultar persistentes y requerir de un enfoque terapéutico específico para que disminuyan o desaparezcan.

Existen 4 criterios que nos deben hacer plantear pedir ayuda profesional para tratar estas situaciones:

  1. Que suponga un riesgo de daño físico para el niño o otras personas.
  2. Que limitan y dificultan las rutinas cotidianas de la familia.
  3. Que limitan o sean obstáculo para el aprendizaje del niño.
  4. Que generen un malestar y una angustia muy intensa para el niño o la familia.

Es probable que si las reacciones de miedo y fobia ante estas situaciones son leves, el mismo niño pueda desarrollar estrategias para gestionarlas, y aunque le puedan generar cierto malestar, él mismo es capaz de gestionar sus emociones y sus reacciones.

Pero en los casos en que estas reacciones sean incontrolables por el niño con autismo, tenemos dos opciones:

Identificar el motivo del miedo y trabajarlo

Para afrontar las reacciones problemáticas a los miedos y fobias de las personas con autismo hay que identificar cuál es el motivo de estas.

Los motivos de estos miedos y fobias serán consecuencia de las dificultades propias del autismo y pueden ser diversos en función de cada caso concreto. En muchas ocasiones las causas del miedo tendrán relación con las alteraciones sensoriales o con la ansiedad social propia del autismo.

Una vez identificado el motivo que genera este miedo o fobia, una de las estrategias más utilizadas es la exposición gradual a la situación concreta.

Por ejemplo, si un niño con autismo muestra miedo a sonidos como el secador de pelo, podemos empezar a trabajar la exposición gradual a esta situación encendiendo el secador a 10 metros del niño. Cuando tolere este primer paso, encenderlo a 8 metros, y poco a poco, ir exponiéndolo gradualmente hasta que consiga tener el secador de pelo cerca de su cabeza.

Como siempre recomendamos, si la situación es compleja y no se observan avances, recomendamos consultar con un especialista en el campo del autismo.

Evitar la situación de miedo

Si después de trabajar el miedo o fobia concreta y asesorarse por profesionales del autismo no observamos avances, lo mejor será intentar evitar estas situaciones que generan las reacciones problemáticas.

Por ejemplo, si el niño con autismo presenta miedos a situaciones de aglomeraciones de personas o con muchos estímulos visuales, intentar evitar las situaciones o las horas puntas donde se acumula más gente. En este caso concreto, varios centros comerciales han introducido la denominada “hora silenciosa”, amigable para las personas con autismo.

Habrá situaciones concretas como cortar el pelo o las uñas que no se podrán evitar, y en estos casos recomendamos ir trabajando a través de la exposición gradual y asesorándose con profesionales.

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