ESPACIO AUTISMO - terapia Modelo Denver

Terapia para el autismo

La intervención terapéutica para las personas con autismo

Existen multitud de terapias para las personas con autismo y es muy importante saber identificar cuáles de ellas son adecuadas y cuáles carecen de rigor científico.

Las terapias para las personas con autismo deben ir focalizadas a estimular las áreas del desarrollo donde la persona presenta sus dificultades y en adaptar el entorno a las necesidades de esta.

También es imprescindible que estas intervenciones terapéuticas tengan presente a los padres y a las personas con las que la persona convive.

Es importante que los terapeutas acompañen y formen a los padres, que tengan en cuenta las necesidades de los hermanos u otros familiares cercanos, y que se coordinen con la escuela u otros centros donde la persona se desarrolla.

La terapia para las personas con autismo

Las terapias para las personas con autismo deben partir desde una perspectiva psicoeducativa.

Esto significa que estas terapias deben tener como objetivo la enseñanza de las habilidades sociales, comunicativas o de cualquier otra índole donde la persona con autismo presenta dificultades.

Existen una serie de modelos y programas terapéuticos especialmente diseñados para la intervención en personas con autismo que han demostrado ser efectivos y que comentaremos más adelante en este artículo.

Así pues hay que olvidarse de terapias peligrosas, sin rigor científico y de precios desorbitados que prometen curar el autismo como la Estimulación Magnética Transcraneal (MeRT) o productos químicos como el Clorito de Sodio (MMS).

Por lo tanto, y a modo de resumen, las terapias dirigidas a las personas con autismo deben realizarse desde un punto de vista psicoeducativa y deben focalizarse principalmente en los siguientes puntos:

Estimulación del desarrollo

El objetivo principal que debe tener cualquier intervención terapéutica dirigida a una persona con autismo debe ser el de estimular su desarrollo y las habilidades donde presenta dificultades.

La estimulación del desarrollo se realiza a través de la enseñanza de aquellas habilidades en las que si no se realiza una enseñanza específica por parte de un terapeuta, el niño no desarrollará o lo hará muy tardíamente.

Por lo tanto el terapeuta debe realizar una evaluación de las habilidades en las áreas sociales, comunicativas, de autonomía y de cualquier otra índole de la persona con autismo y determinar qué habilidades se le debe enseñar al niño o niña.

Así pues el terapeuta debe focalizarse en enseñar las habilidades donde la persona con autismo presenta dificultades.

Algunos ejemplos podrían ser, en función de la edad y de la severidad del autismo, los siguientes:

  • Niño con autismo de 2 años: Enseñar a señalar con el dedo lo que quiere
  • Niña con autismo de 3 años: Enseñar a pedir verbalmente con una palabra lo que quiere
  • Niño con autismo de 5 años: Enseñar a jugar al pilla-pilla con otro niño de su edad
  • Adolescente con autismo: Enseñar a mantener una conversación sobre un tema que no le interesa
  • Adulto con autismo: Enseñar a comprender el punto de vista de sus compañeros de trabajo
  • Adulto con autismo severo: Enseñar a poner y sacar los platos y cubiertos antes y después de comer

Adaptación del entorno

Las personas con autismo necesitan un entorno estructurado, predecible y tranquilo, y muchas veces este entorno debe adaptarse a las características de la persona con autismo.

Cuando hablamos de la adaptación del entorno nos referimos a todas aquellas medidas que aplicamos para que el entorno y el día a día de la persona autista sea más claro y donde esta se desenvuelva más facilmente.

Por lo tanto aparte de desarrollar y estimular las habilidades de la persona con TEA la intervención también tendrá que centrarse en valorar como adaptar el entorno a las características de la persona en cuestión.

Uno de los ejemplos de adaptación del entorno más típicos en las personas con autismo son los horarios visuales.

Los horarios visuales se utilizan para que la persona con autismo tenga claro y de forma visual lo que va a realizar ese día, proporcionando así la estructura y la anticipación que tanto necesitan.

Otra de las estrategias muy utilizadas para adaptar el entorno a las personas con autismo son los soportes visuales.

A través del uso de los soportes visuales podemos adaptar el entorno de formas muy diversas para que la persona con autismo se desarrolle de forma más autónom y funcional.

Con los soportes visuales podemos realizar «historias sociales» para explicarle las situaciones sociales de forma más comprensible.

También podemos realizar «instrucciones visuales» para que la persona con TEA pueda comprender más fácilmente lo que puede y no puede hacer.

O también podemos, entre muchas otras cosas, utilizar pictogramas para realizar «secuencias visuales» con el objetivo de que la persona con autismo aprenda a realizar actividades de autonomía personal como vestirse y desvestirse sola, lavarse las manos o cepillarse los dientes.

Podéis encontrar más información sobre el uso de los soportes visuales en el autismo en el curso «Los soportes visuales en el autismo» de la Academia Espacio Autismo.

Formación y acompañamiento de los padres

Otro de los pilares esenciales en los que la intervención a las personas con autismo debe centrarse es en la formación y el acompañamiento a los padres.

Los terapeutas deben ser capaces de enseñar a los padres qué es el autismo, para que así estos sean capaces de gestionar las posibles conductas problemáticas que la persona pueda tener.

Los padres tienen que comprender cómo es el autismo de su hijo o hija para así ser capaces de adaptar el entorno y la forma como interactuar con su hijo o hija.

Además los terapeutas deben acompañar en el proceso de duelo que los padres viven al recibir el diagnóstico de autismo.

La mayoría de modelos de intervención sobre el autismo, especialmente por lo que se refiere a la estimulación temprana, ya ponen los padres en el centro de la intervención terapeutica.

Estos modelos de intervención forman a los padres para enseñarlos a interaccionar y estimular las habilidades de su hijo con autismo, convirtiendolos en unos terapeutas más.

La intervención terapéutica por edades

Las personas con autismo siempre tendán autismo, pero sus necesidades y las características de su autismo irán cambiando a lo largo del tiempo, y por lo tanto la intervención terapéutica también irá cambiando en función de la edad.

La etapa más importante en cuanto a la estimulación terapéutica son los primeros años de vida, hasta aproximadamente los 5 o 6 años de edad.

De hecho la mayoría de modelos especialmente diseñados para el autismo y la mayoría de terapeutas estan especializados en los primeros años de vida, en la intervención temprana.

En la etapa escolar los niños y niñas con autismo suelen presentar muchas dificultades en la inclusión social y en la capacidad de tener amigos. En esta etapa la intervención debe ir muy focalizada a ayudar al chico o a la chica a ser incluido en la escuela y a prevenir posibles problemas sociales y psicológicos como ansiedad, fobia social, bullying o depresión.

Más adelante, en la adultez, la prioridad debe ser fomentar su calidad de vida y dar los soportes necesarios para que tenga una vida lo más llena y autónoma posible, en aspectos como la autonomía, el empleo o las relaciones sociales y amorosas, en función de las características concretas de la persona.

Por lo tanto podemos dividir, de forma esquematizada, la intervención en las siguientes etapas:

La intervención temprana

Durante los primeros años de vida es cuando el niño experimenta más cambios evolutivos y estos se producen de manera más rápida, y en el caso de los niños con autismo, la estimulación en estas edades es la que puede significar más cambios positivos en el proceso evolutivo del infante.

Cuando hablamos de intervención temprana nos referimos a la intervención terapéutica que es realizada a niños y niñas de hasta unos 5 o 6 años de edad.

Existen muchos varios métodos que han mostrado evidencia científica sobre su eficacia en la mejora de los síntomas del autismo en niños pequeños, pero el que ha demostrado ser más eficaz es el Modelo Denver (ESDM por sus siglas en inglés).

Existen una serie de criterios que cualquier intervención temprana para niños con autismo debe cumplir para que esta sea efectiva.

Los criterios más importantes para una intervención temprana de calidad son los siguientes:

  • La intervención debe ser realizada en contextos naturales
  • Debe incluirse en la intervención la formación y asesoramiento a los padres
  • Deben redactarse unos objetivos terapéuticos claros y precisos
  • La intervención debe focalizarse en la estimulación de las dificultades nucleares del autismo y las dificultades asociadas
  • La intervención tiene que realizarse a través del juego y de los intereses del niño.

Para aprender más sobre la intervención temprana de calidad dirigda a niños y niñas con autismo os recomendamos realizar el curso «Principios básicos de la intervención en niños con autismo» de la Academia Espacio Autismo.

La intervención en la etapa escolar

La intervención terapéutica dirigida a las personas con autismo siempre tendrá que ser muy personalizada en función de las necesidades y características de esta, pero cuando el niño llega en la etapa escolar asegurar su inclusión y éxito social y académico en la escuela debe ser una de las prioridades.

En esta etapa, alrededor de los 7 años hasta toda la adolescencia, el mundo social se convierte en algo muy complejo y complicado, especialmente para los niños y jovenes con autismo.

Por lo tanto durante estos años es imprescindible que el terapeuta esté muy en contacto con la escuela para realizar un trabajo coordinado entre centro escolar y el centro terapéutico.

Seguramente el centro escolar deberá realizar una serie de adaptaciones y dar una serie de ayudas al joven con autismo para que se desarrolle correctamente tanto a nivel social como académico, y el terapeuta debe dar soporte y asesoramiento a la escuela en este proceso.

Es muy importante en estas edades, trabajar lo que clínicamente se conoce como la «cognición social».

La cognición social es enseñar a la persona con autismo a comprender el mundo social que le rodea, ya que los jovenes con autismo presentan muchas dificultades en esta área.

Enseñar a comprender el mundo social será crucial para favorecer la inclusión social de esta persona en estos años escolares tan importantes.

Otro aspecto que hay que tener en cuenta es la valoración de posibles problemas psicológicos y sociales que muchos jóvenes con autismo tienen en estas edades, desde ansiedad, depresión, fóbia social o el bullying.

De hecho, se estima que las probabilidades de recibir bullying o acoso escolar en los alumnos con autismo es 4 veces mayor que en el resto de jóvenes.

La intervención en la adultez

En la etapa adulta el foco debe ir centrado en maximizar la calidad de vida de la persona con autismo y dar los soportes necesarios para incrementar su autonomía personal, social y económica.

En esta etapa los recursos terapéuticos deben ir centrados en crear servicios para la integración laboral de las personas con autismo.

Las personas con autismo pueden ser excelentes en ciertos puestos de trabajo rutinarios y donde se requiera gran atención a detalles.

Pero aunque estos puedan ser excelentes suelen necesitar el apoyo puntual de un terapeuta para que les ayude a resolver ciertas situaciones sociales en el trabajo y les adapte las tareas laborales a las características de la persona.

También es importante crear servicios de ocio para fomentar las relaciones sociales y la integración social de las personas con autismo, y estos deben ser dinamizados por terapeutas especialistas en autismo.

También es importante que los terapeutas ayuden a los adultos con autismo a la gestión del dinero y a los hábitos de autonomía, desde la higiene hasta las habilidades para cocinar o realizar la compra.

Hay que tener en cuenta que en esta etapa los padres de los adultos con autismo, los que siempre han sido sus principales cuidadores, ya son ancianos y no los pueden atender.

Por este motivo es importante crear estos servicios terapéuticos donde fomenten la autonomía e independencia de los adultos con autismo.

Un recurso muy efectivo son los pisos terapéuticos. En estos pisos conviven varias personas con autismo leve y reciben visitas por parte de sus terapeutas ciertos días de la semana para darles les soportes necesarios en cada caso para llevar una vida independiente.

En el caso de los adultos con autismo severo es necesario crear más residencias y servicios asistenciales donde terapeutas especializados puedan ofrecerles un entorno seguro y amigable para ellos, asegurando así su felicidad y calidad de vida durante su adultez.

La intervención farmacológica del autismo

Aunque no exista ningún fármaco para la «cura» o la mejora específica de los síntomas nucleares del autismo se calcula que alrededor del 50% de niños y niñas con autismo y el 70% de adultos con autismo toman algún tipo de fármaco.

Por lo tanto al no existir fármaco alguno para la mejora de los síntomas del autismo, los fármacos que se administran a las personas con TEA suelen ir dirigidos a disminuir síntomas asociados al autismo, tales como la ansiedad, la hiperactividad, las dificultades atencionales o los problemas del sueño.

A día de hoy se están estudiando ciertos componentes farmacológicos que pueden ayudar a mejorar las habilidades sociales de las personas con autismo, pero no se utilizan todavía a nivel clínico.

Es importante remarcar que la intervención farmacológica nunca puede ser la primera opción terapéutica.

Es decir que primero hay que intentar abordar la conducta que queramos revertir a través de la intervención psicoeducativa, y si vemos que esta no mejora y que interfiere en la calidad de vida de la persona con autismo, es el momento de plantearnos la intervención farmacológica, siempre con la supervisión de un médico especialista.

Estafas y curas milagrosas

El autismo no puede curarse y por lo tanto hay que desconfiar ante cualquier propuesta terapéutica que diga que pueda curar o revertir el autismo.

Hay algunas terapias, como la administración de Clorito de Sodio (MMS), que asegura curar el autismo. Esta y otras terapias además de no ser efectivas pueden incluso ser peligrosas para la persona.

También hay otras terapias fraudulentas que no prometen curar el autismo pero sí mejorar mucho sus síntomas, como la Estimulación Magnética Transcraneal (MeRT). Pero y otras terapias del estio carecen de rigor científico y las ofrecen a precios desorbitados, en muchas ocasiones llegando a los 5.000 o 10.000 dólares.

Estas terapias juegan con la esperanza de los padres de niños y niñas con autismo, les ofrecen falsas expectativas y les sacan el dinero de sin compasión.

Es por este motivo que es muy importante conocer las características que debe tener una terapia efectiva dirigida a las personas con autismo.

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